Esta juventud está fatal. Lo tienen todo y no saben apreciarlo; son todos unos delincuentes; nada más que beber, chatear, la wii y todo el día viendo la televisión; cada vez saben menos al terminar el instituto; no tienen respeto por nada
Puedes regañarme cuanto quieras, pero no intentes convencerme. Si escupí a esa vieja fue porque me señaló con el dedo cargado de desprecio y a continuación su lengua vomitó insultos hacia los que allí estábamos: vagos, maleantes y sinvergüenzas. Cómo puedes comparar en respeto salivazos en la cara con chapapote en el alma.
Querido padre, ha llegado el momento de tener esa conversación pendiente desde el día de mi nacimiento; de aclarar porqués y de hacer balances.
Tú tuviste un padre, una madre; tuviste primos y hermanos con los que compartías tardes de risas y aventuras. A mí me ha tocado cargar el petate de casa en casa, según qué vecina, abuela, amiga o canguro me cuidara cada día y tener que llamar padre a un extraño. No te pongas a la defensiva: ni derechos, ni libertades
ni leches
no estoy hablando de eso, sino de madurez, porque tú eres causante y responsable de tus errores y yo tan sólo una víctima.
Vital era, para la igualdad entre hombres y mujeres, la incorporación de la mano de obra femenina al mercado de trabajo; qué bonito hubiera sido que ambos compartieran trabajo, crianza y tareas domésticas. Tan fácil era hacer dos mitades
No me hables de bancos, ni de política, ni de hipotecas
cuéntame qué hiciste por cambiar todo aquello
ahora estarás libre de préstamos, pero jamás podrás saldar la deuda con mi educación.
Siempre cuentas con nostalgia que la calle era tu patio de juegos, donde fraguaste amistades de acero y escenario de tus primeros besos. Si tan importante fue por qué no luchaste para que yo tuviera también aquello. Que si coches, terrazas, delincuentes
no me cuentes rollos, si hubieras defendido la trinchera ciudadana, la calle, con el mismo fragor con que vives los partidos de la Champions, yo tendría ese espacio sagrado. Claro
sí
y crees que con cámaras de vigilancia, sacrificando tu intimidad, se va a solucionar. El sedentarismo cívico y social está obstruyendo las arterias de nuestra libertad y tú y tus jodidos clones sois el colesterol que se agarra a sus paredes.
Cierra esa bocaza y no digas tonterías
qué malos maestros ni qué pollas
si nunca han estado tan formados como ahora, si tenemos más medios cada vez
qué va a fallar
pues tu maldito compromiso
y cómo pretendes exigirme que respete a quien no respetas tú. Para colmo permites que esas sanguijuelas encorbatadas se cachondeen de mi futuro, ley tras ley, porque no haces nada para impedirlo.
Cuando aseguras, con lamentos, que me has consentido todo, pretendes la redención de tu culpa, el sobreseimiento de tu responsabilidad, asumes un pequeño reproche a cambio de tu inocencia
crees que no se puede exigir nada más a quien sin querer, por un exceso de supuestas y continuas acciones buenas, haya causado mal. Podría perdonarte que no hubieras sabido medir si sólo me hubieras consentido a mí
pero dime, quién tolera esa televisión que dices que me atonta; quién ha permitido que mis primeros trabajos sean por un sueldo y en condiciones miserables, y que tenga que dedicar toda mi vida a pagar el techo de mis hijos; y cómo puedes soportar que la respuesta de tu sociedad al esfuerzo de los estudiantes sea un tren que los manda a trabajar a Madrid. Has consentido tanto en beneficio de los mismos pocos de siempre
qué has exigido a cambio
pues ahora recoge lo que has sembrado y sigue poniendo cerrojos a tu puerta.
No llores no, no te odio te quiero, padre por eso te hablo con el corazón te quiero y te necesito necesito tu hombro para alcanzar ese futuro que me espera allá en el horizonte. Yo solo no puedo. Hagámoslo juntos.
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