En la imagen de la revista i-D, un vestido de Giorgio Armani con unos boogies de T.U.K.
Anarquía y libertad. El punk, 30 años después, sigue intacto en los corazones de quienes cada día construyen su propio universo al margen de la ley. Ahora, más que nunca, esta sociedad tan políticamente correcta, está pidiendo a gritos una buena ducha de escupitajos, esos que en los conciertos de entonces medían el éxito de un grupo. La satisfacción del auditorio quedaba patente cuando los salivazos inundaban el escenario. Hoy empujas al personal minimamente durante una actuación y te expulsan de la sala. El pogo, canalizador de tensiones, ayudaba a liberar adrenalina y nadie se extrañaba de acabar en el otro lado de la sala arrastrado por una oleada de choques en cadena.
De toda esa filosofía de vida y diversión se ha salvado lo fácil. Es decir, pinchos, camisetas, las influencias musicales que han mamado algunos modernos y los zapatos con los que, a patada limpia, se bailaba pogo. Los boogies y las Dr.Martens se hacen cada vez más visibles en la calle y no hay revista a la última que no las incluya en sus editoriales. Rematando los modelazos de Dior, D&G o Balenciaga se colocan unos T.U.K y el atuendo de señorón cobra otra identidad. Para dar la puntilla trasgresora lunos buenos Dr. Martens ahorran trabajo y reducen la tarea del estilista a la mínima expresión. Ya no es preciso una cresta tiesa en la cabeza o medias arañadas, ni maltratarse como un Sid Vicios cualquiera, para calzarse con propiedad los zapatos más punkosos de la tierra. Aprovecha las rebajas y hazte con unos. Por algo se empieza. Dicen que es meter el pie y el espiritu se rebela en el acto.
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