Lewis Hamilton es el nuevo líder del Mundial después de imponerse en un Gran Premio de Mónaco marcado por los choques y las cambiantes condiciones meteorológicas. El piloto inglés compartió podio con Robert Kubica y Felipe Massa, mientras Kimi Räikkönen y Fernando Alonso sólo pudieron ser noveno y décimo, respectivamente, después de una carrera que mezcló errores propios y mala fortuna a idénticas dosis.
Lewis Hamilton celebra su victoria en Mónaco.
La aparición de la lluvia en las calles de Montecarlo hace posible lo imposible. En esas circunstancias, los grandes son menos grandes, y los pequeños pegan un rápido estirón. La carrera de hoy no ha sido una excepción, aunque Kimi Räikkönen nos ha estropeado la segunda parte de la afirmación, encarnada por Adrian Sutil que, con el coche más modesto de toda la parrilla, se ha quedado a las puertas del cuarto puesto.
La prueba dio comienzo con media parrilla calzando neumáticos intermedios y un sobresalto inesperado. Heikki Kovalainen caló su McLaren antes del inicio de la vuelta de calentamiento, lo que le obligó a partir desde los boxes. Al apagarse el semáforo, Räikkönen cedió su posición ante Lewis Hamilton, que se colocó tras la estela del líder, Felipe Massa, mientras Fernando Alonso escalaba una plaza para auparse hasta el quinto lugar.
Y en la salida acabó la tranquilidad. En la séptima vuelta se registró la primera entrada del coche de seguridad, consecuencia de una serie de incidentes en la plaza del Casino. Esta circunstancia salvó de un desastre seguro a Lewis Hamilton, que había desllantado su neumático trasero derecho poco antes en un toque con el guardarraíl. El inglés aprovechó su paso por boxes para rellenar el depósito y se reincorporó a la prueba en quinto lugar. En ese momento lo desconocía, pero este repostaje no previsto acabaría dándole la iniciativa estratégica a McLaren, y con ello, la victoria. Pero había más. La FIA, en una decisión un tanto extraña por su demora, esperó a que el Safety Car abandonara la pista para comunicar una sanción de Drive Through (paso por el pit lane sin detención) a Kimi Räikkönen por montar sus neumáticos de carrera demasiado tarde en la parrilla.
Fernando Alonso imitó poco después la acción de Hamilton, y se vio obligado a entrar en boxes para reparar su alerón y cambiar neumáticos. El asturiano también tuvo a la diosa fortuna de su parte (en este caso disfrazada de toque entre Bourdais y Coulthard en Massanet), y una prodigiosa entrada del Safety Car salvó su, hasta entonces, excelente carrera. Renault aprovechó la circunstancia para montar gomas de agua extrema, idóneas para las condiciones presentes en la pista pero que, si dejaba de llover, estropearían la actuación de su primer piloto. Sólo quedaba apretar los dientes y arriesgar para recuperar el terreno perdido. La táctica funcionó a las mil maravillas hasta que el bicampeón se encontró con Nick Heidfeld, una de sus bestias negras de la parrilla (sabréis de lo que os hablo si recordáis el Gran Premio de Francia de 2007, por poner sólo un ejemplo). Fernando tentó el adelantamiento imposible en el viraje más lento del mundial, Loews, y destrozó su alerón delantero contra el pontón del BMW de su rival. Ahí acabó su camino hacia un podio que, esta vez, no era un sueño.
La cadena de acontecimientos dio vía libre a los estrategas de McLaren y Ferrari, que empezaron qué neumáticos poner y, sobre todo, cuándo hacerlo. Los italianos mantuvieron el plan previsto en parrilla: un único repostaje y neumáticos intermedios nuevos. Error. Massa se vio obligado a rodar con unas gomas que no cogían temperatura y mucha carga de combustible, lo que regaló a su rival el tiempo que necesitaba para su parada extra, en la que instaló gomas de seco. Al final, la Scuderia debió renunciar al plan inicial y también hizo parar a su piloto para cambiar a neumáticos lisos, con lo que, además, dejaron en bandeja el segundo puesto a Robert Kubica.
La cadena de acontecimientos dio vía libre a los estrategas de McLaren y Ferrari sobre neumáticos.
Una última aparición en pista del coche de seguridad en el último tramo de carrera (motivada por un choque de Nico Rosberg en las curvas de la Piscina) regaló a la afición un final a la americana, con diez minutos de competición pura por delante, todos los coches agrupados y ninguna parada en los boxes en el tintero. Por delante no hubo sobresalto alguno: Hamilton se escapó del grupo sin apuros levándose tras su estela a Kubica y Massa. Detrás de ellos, Adrian Sutil y Kimi Räikkönen captaban la atención de todas las cámaras. El alemán, que pilota el peor coche de la parrilla, estaba protagonizando la mejor actuación de su carrera deportiva, gracias a una excelente táctica de una parada (bien compensada por las circunstancias) y un pilotaje digno de los mejores que le permitió marcar la vuelta rápida en una ocasión. Su único cometido era defenderse de los ataques de Räikkönen, que venía como un misil dispuesto a robarle la cuarta plaza… Y la épica acabó en tragedia. El finlandés cometió un error infantil en la frenada de la chicane y se llevó por delante al Force India de su rival, rompiéndole la suspensión trasera. El lance apartó a ambos de la zona de puntos, regalando el quinto y sexto puesto a los pescadores del Gran Premio, Vettel y Barrichello, que se auparon así hasta el cuarto y quinto puesto. Completaron la zona de puntos Kazuki Nakajima y Heikki Kovalainen.
La victoria de Hamilton, combinada con la novena plaza de Kimi Räikkönen y el segundo puesto de Felipe Massa, dan la vuelta a la clasificación provisional del Mundial, que ahora encabeza el inglés con 38 puntos, tres más que Räikkönen y cuatro más que Massa. La próxima cita del mundial se celebrará en Canadá el próximo 8 de junio.
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