Salzburgo (Austria).- Diez años después de su último descenso -en una temporada en la que la institución tocó fondo, batiendo todos los récords negativos- el Real Sporting de Gijón, un equipo que otrora ondeó la bandera de Asturias por toda Europa, regresa a Primera División en homenaje a su buque insignia, Enrique Castro "Quini".
El ex futbolista Enrique Castro "Quini" (i) saluda desde la grada antes del inicio del partido entre el Sporting de Gijón y el Eibar, correspondiente a la jornada 42 de la Segunda División que se disputó en el estadio del Molinón de Gijón.
Dedicadas al 'Brujo' fueron las primeras palabras de Manolo Preciado, un cántabro de nacimiento y para siempre ya asturiano de adopción, que ha sabido guiar al equipo, con escasos recursos, pero gran maestría, a la división de honor del fútbol español.
Quini, de baja por enfermedad, vivió hoy en El Molinón la mejor tarde de los últimos años para la afición del Sporting, que durante más de un decenio ha vivido pegada como una lapa al dolor, el sufrimiento y los desengaños.
Quiso el destino que el fútbol le devolviese a uno de los mejores delanteros centros de la historia del fútbol español, hoy en la grada, una pizca de la inmensa gloria que él aportó en sentido inverso. En 'su' estadio. A pocos metros del Parque de los Hermanos Castro, inaugurado oficialmente ayer, sábado, en honor a Quini y a su hermano Jesús, legendario portero del equipo rojiblanco, que dio su vida en una playa cántabra para salvar la de otros.
También quiso el destino que el ascenso se consumara ante el Eibar, equipo ante el que se esfumaron las esperanzas de subir hace cuatro temporadas, cuando la afición gijonesa protestó un arbitraje que le desgarró el alma. Con Marcelino en el banquillo.
Un asturiano que triunfó esta temporada en el Racing de Santander. Que colocó por primera vez a la Cantabria balompédica en Europa. Una Cantabria que hoy devolvió los favores, porque uno de sus hijos, Manolo Preciado, casi tan admirado en Gijón por sus conocimientos técnicos, como por su grandeza humana, ha colocado de nuevo al Sporting en Primera.
Quiso el azar que el ascenso se celebrara con el equipo presidido por Manuel Vega Arango, que fue presidente cuando el Sporting era el 'Eurosporting'. Cuando el argentino Enzo Ferrero -para algunos el mejor extremo izquierda de cuantos llegaron al fútbol español- formaba la 'delantera eléctrica' junto al 'Brujo' y a Quique Morán. Cuando jugaban Maceda, Joaquín, Jiménez y Redondo. Con Cundi y Uría.
Con tantos otros que integraron unas plantillas que elevaron a las cotas más altas al equipo rojiblanco, que jugó -y perdió- dos finales de Copa. Que estuvo a punto de ganar una liga que se le escapó, en el último suspiro. Que puso en aprietos a más de un grande en Europa, 'pilotado' por Vicente Miera, primero; y por José Manuel Díaz Novoa.
Llegarían otros grandes talentos, 'emigrantes' también, como Esteban, Luis Enrique, Manjarín o Juanele, por citar sólo a algunos de ellos. Hasta David Villa, el último gran producto de la cantera de Mareo, donde quiso el destino que hoy se celebrara otro ascenso, el del filial, a Segunda B.
Un Villa que maravilla en la Eurocopa, desde donde mandó, tras marcarle un golazo a Suecia, un mensaje de apoyo a una afición sufridora donde las haya. El mayor activo de un club histórico: esa afición.
Que ha pasado de estar a punto de ver la desaparición del equipo de sus amores a celebrar la fiesta más grande de los últimos años en la capital de la Costa Verde. Donde la sidra lleva corriendo a raudales desde primeras horas de la jornada. Donde esta noche pocos van a dormir. Donde mañana, lunes, seguirá la fiesta.
Quiso también el destino que el periodista que de niño, como tantos otros niños en Gijón, iba al colegio disfrazado de Quini el día de carnaval; el que tuvo el inmenso honor de hacerle llegar al 'Brujo', hace dos semanas, una fotografía dedicada por otro asturiano inmortal, Fernando Alonso; se enterara del ascenso en el mismo país donde hace once años recibió la mala noticia. En Austria.
En aquella ocasión, en Viena, por Radio Exterior de España. Hoy, a través de internet, escuchando a Manfredo Álvarez cantar, con voz desgañitada, el segundo y decisivo gol del Sporting. Que aseguraba el ascenso. Que convirtió de nuevo en rojiblanca a (casi) toda Asturias. El que hizo llorar de alegría a tanta gente.
El que arrancó las lágrimas del enviado especial a la Eurocopa, que deseó poder estar durante tan emocionante jornada, aunque fuera por un sólo instante, en su Gijón del alma. En Begoña, en la Plaza Mayor o en la Fuente de Pelayo. Oyendo una gaita y tomando un culín.
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