Soy gay. Hay policías que lo dicen. O soy lesbiana. Porque, en rigor, son tantos hombres como mujeres policías, cuarenta en total, los que integran formalmente Gaylespol, la asociación española de policías homosexuales que se formó en Sitges en 2006 y que este año organizó en Barcelona -por primera vez en España- la IV Conferencia Europea de Policía Gay, donde participaron unos 200 policías homosexuales de 16 países para debatir sobre racismo y homofobia ejercida por la policía.
Victor Argelanget, presidente de Gaylespol (en el centro), escoltado por dos colegas lesbianas.
Agentes de bajo rango y mandos superiores con estrellas en las solapas, se reunieron durante tres días -hasta hoy-, bajo los colores de la bandera del orgullo gay, que fue adoptada en 1970 por primera vez por miembros de la policía de Nueva York, quienes formaron la asociación policial homosexual pionera que ahora tiene émulos en las capitales de Europa más importantes.
Compartir experiencias sobre discriminación entre miembros de la misma policía era una de las intenciones de la Conferencia, que fue auspiciada por el Ayuntamiento Barcelona y la Generalitat de Catalunya. Pero el objetivo principal fue fijar criterios comunes para atender a víctimas que hayan padecido delitos de odio y homofobia. "Los policías deben atender a todas las víctimas por igual, y eso no es así en España", denuncia Víctor Argelanguet, guardia urbano y presidente de la Gaylespol. "Una persona homosexual es tratada como un monito de feria cuando llega a una comisaría para hacer una denuncia, se ríen de él, y esto se tiene que acabar», añade.
En Ámsterdam, la asociación de policías homosexuales holandesa creó comisarías especiales para atender denuncias de gays y lesbianas, con la intención de evitar episodios de discriminación administrativa. Pero los miembros de Gaylespol consideran que este método no es viable en España. "La solución no es crear comisarías gays para gays, sino mejorar la educación policial", dice Nuria Torres, cabo de la policía autonómica de Catalunya, mosso d'esquadra, y vicepresidenta de Gaylespo. "Tras muchos años de dictadura militar, la policía fue educada para reprimir conductas homosexuales, y ahora, por ley, debe defender los derechos de estas minorías. Pero no sabe cómo hacerlo, en gran parte por prejuicios, y porque desconocen la complejidad de una relación homosexual».
Entre los resultados de la conferencia, los miembros de Gaylespol presentaron un procedimiento especial que deben seguir los policías para atender a víctimas de delitos de homofobia. El programa fue aprobado por los Mossos d'Esquadra, la Guardia Urbana de Barcelona y el consejero de Interior de la Generalitat de Catalunya, Joan Saura, quien prometió tolerancia cero hacia casos de discriminación.
El juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande-Marlaska, quien ha reconocido públicamente su homosexualidad, también dio su apoyo con su presencia a las iniciativas de Gaylespol. Durante la conferencia inaugural dijo que si bien la aprobación del matrimonio homosexual en España es un gran avance, queda mucho por hacer, ya que la unión entre homosexuales aun no está aceptada socialmente como estructura familiar."La ley es más avanzada en los derechos de los homosexuales que la realidad social", dijo Marlaska.
El concepto de autoridad y disciplina parece históricamente reñido con el tópico alegre que suele definir a la comunidad homosexual. Por eso, según la caporal Nuria Torres, muchos de sus colegas aun no se atreven a salir del armario. "Algunos hasta tuvieron que abandonar sus cargos tras sentirse discriminados por sus jefes. Y muchos tienen miedo de perder posibilidades de ascenso", dice Torres, aunque admite que entre los países más importantes de Europa, España no está tan atrasada en este aspecto. Un ejemplo son los cinco policías que vinieron de incógnito de Italia para participar en el congreso. Fueron los únicos que no vestían uniforme y ante los periodistas repetían "Por favor, fotos no".
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