ZÚRICH (SUIZA).- Mientras en el resto del mundo la actualidad se centra en las evacuaciones de personas en Nueva Orleans por el huracán Gustav, las convenciones demócrata y republicana en Estados Unidos y demás actualidad política y económica, en Suiza sólo se habla de una cosa: el botellón.
Todo empezó hace unas semanas cuando un joven suizo recién llegado de España y profundamente enamorado del famoso botellón decidió convocar a través de Facebook a todos sus amigos para trasladar la tradición española a las plazas de las principales ciudades de Suiza. Sus cientos de amigos de esta red social invitaron a sus amigos y éstos a los suyos. El botellón ya estaba programado y miles de jóvenes estaban impacientes de participar en la gran fiesta.
La alarma no tardó en saltar y políticos, policía y periodistas despertaron de su letargo estival. La actualidad se centraba en la fiesta y el alcohol y los medios buscaban expertos españoles en el 'problema'. Los periódicos anunciaban diluvios de niños en coma etílico, avalanchas de basura en los cuidadísimos parques suizos, y lo peor: mucho ruido como en pleno centro de Barcelona o Madrid hace diez años.
Los Ayuntamientos de Zúrich y Lausana advirtieron que se multaría a los jóvenes. Pero no por beber alcohol en la calle, que NO está prohibido en Suiza, sino por usar sin autorización un espacio público. Ginebra lo permitió pero con vigilancia policial. En Berna mandaron a expertos y psicólogos de organizaciones contra la adicción para explicar a los asistentes los peligros de beber.
Pero al final la sangre no llegó al río y Suiza demostró que no es país para botellones. El llamamiento, que había tenido mucho éxito en Internet, no congregó a demasiados jóvenes (unos cien) y la lluvia fue la protagonista de la esperada fiesta. Es lógico. ¿A qué quinceañero le apetece estar divirtiéndose con sus amigos mientras te explican los peligros de beber unos cubatas bajo la lluvia?
Después de todo, el periódico Neue Zuercher Zeitung tituló "Berna también sobrevive a un botellón". Lo dicho: Suiza no es país para botellones.
*Georg es suizo y amante de la cultura española.
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Creo que el botellón no lo importamos. Son ellos los que vienen aquí ávidos de él. +
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