Lo que se aprende con la prensa, señores. Estaba yo leyendo a Albéniz, que ofrecía cambiar El Descodificador por Digital Plus (no le veo yo a este hombre buena cabeza para los negocios), cuando se me ha ocurrido una idea. He ido a las páginas económicas y, en efecto, hay grandes empresas, como la aseguradora AIG, con una cotización de pena: las acciones han bajado este año más del 90%. AIG ya no me interesa, porque parece que se la ha quedado el gobierno americano. Pero, según mi plan, sólo tengo que esperar. Tal como va la bolsa, es cuestión de tiempo que las acciones de algún banco, o cualquier otra empresa, para eso no tengo prejuicios, caigan un 99,9 %, ¿no? O sea, que en unas semanas, pones 2.000 euros encima de la mesa y te quedas con la mayoría de tal financiera o tal constructora.
Los mercados financieros ya no tienen secretos para Anatoli.
¿Que lo que compras es una deuda de aquí a Tegucigalpa? Pues eso es justamente lo que quiero. O, mejor dicho, queremos. Porque el Vladimiro, el Ahmed y yo nos hemos constituido en consejo de administración, y rascando ahorros, tenemos una liquidez que ya la quisiera el Banco de España: casi 1.800 eurazos en billetes y monedas. Si hace falta algo más, hacemos una ampliación de capital y le pedimos pasta al Julián, el del bar.
Los objetivos están clarísimos en un programa de cinco puntos, firmado hoy mismo por el presidente (el Ahmed, porque es el más alto), el consejero delegado y director general ejecutivo (yo, porque la idea es mía) y el secretario del consejo (el Vladi, porque tiene una letra chulísima).
El programa es el siguiente. Primero: comprar una empresa a punto de quebrar, o quebrada, da lo mismo, porque la cuestión es ser empresarios con despacho, secretaria y chófer. Segundo: deber una millonada, para que en los bancos se acojonen y nos reciban con reverencias. Tercero: negociar ayudas con Solbes. Cuarto: salir en la tele quejándonos de que Solbes no nos ayuda. Quinto: aguantar con ese rollo mientras se pueda.
El programa es muy confidencial. Tanto, que tiene un apartado secreto, el sexto. Ni lo hemos puesto en acta. Pero así, en confianza, pienso que se puede comentar. Trata de los currantes de la empresa, porque se puede putear a quien sea, pero a los currantes, no. Y menos si son tus currantes. ¿Qué haremos? Ponerles a todos sueldo de jefe, para que si prefieren ir al paro tengan un buen subsidio, y (opción recomendada), liquidar lo que se pueda liquidar, porque algo habrá para malvender, un edificio, unos muebles, un lapicero, yo qué sé, y fugarnos todos, consejo y currantes, a una isla del Caribe. Cuantos más seamos, más reiremos. Pedir la extradición de uno es fácil, pero si somos 10.000 fugados, a ver quién nos detiene.
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Anatoli es extranjero y célibe. Está dotado de una poderosa ignorancia, lo que le convierte en un polemista temible. Le gustan el fútbol, los membrillos y los sucesos truculentos. Nunca ha escrito un blog. Parece improbable que le permitan intentarlo de nuevo.
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